Autor: Rin Chupeco.
Saga: The Girl from the Well.
Calificación: 5.
Sinopsis Traducida:
Una chica muerta camina por las
calles.
Ella caza homicidas. Asesinos de niños, exactamente cómo el hombre
que tiró su cuerpo a un pozo hace trescientos años.
Así que cuando un extraño adolescente que
tiene tatuajes aún más extraños se muda al vecindario, ella descubre que algo
más vino con él. Pronto ambos se ven arrastrados a un mundo de escalofriantes rituales
hechos con muñecas y oscuros exorcismos Shinto que los llevaran de los suburbios
americanos a los valles y santuarios de
Aomori, Japón.
Porque ese chico tiene un
terrible secreto, uno que mataría por salir a la luz.
Las películas de terror siempre
han sido mi perdición y Dexter es una serie que personalmente he colocado como
una de mis favoritas, así que cuando leí que existía un libro que contenía lo
mejor del mundo del horror con una pizca de la magia de Dexter, de inmediato
pensé que era el candidato ideal para mi siguiente lectura.
Iba esperando lo mejor y Rin
Chupeco no me decepcionó en absoluto. Esta historia está planteada desde el
punto de vista de Okiku; un fantasma japonés que lleva vagando por el mundo más
de tres siglos encargándose de vengar a los niños que fueron asesinados. Ella
tiene un sentido extra que hace que sea capaz de detectar a aquellos que tienen
las manos manchadas de sangre para darles el digno además de terrorífico, final
que merecen. La narración que maneja es tan nítida que es casi como si
estuvieras viendo una película desarrollándose frente a tus ojos, hasta el más ínfimo
detalle que es necesario para construir una atmosfera de incertidumbre y horror
alrededor de nuestra querida fantasma, está por completo expuesto para que
disfrutemos de ello.
En más de una ocasión sentí una
vibra a Anna Dressed in Blood, pero no de mala manera; no, al contrario. Era
como si estuviera visitando un mundo que ya había amado, con la maravilla de
poder conocer personajes nuevos. Okiku es un fantasma que tiene sed de sangre
por lo que le sucedió años atrás, es una anti-heroína o al menos esa es la
forma en que yo la veo. Hace justicia por aquellos que nunca la obtendrían de
otra forma. Su personalidad pareciera simple al principio; tiene una meta y no
se detiene ante nada para conseguirla, no obstante, los pequeños detalles que
la constituyen son esos que logran darle una profundidad interesante. Con el
paso de las páginas, la no-vida de Okiku se ve atraída ante un misterioso chico
con tatuajes que parecieran moverse por voluntad propia, abriéndonos paso a
Tarquin, que necesita de la protección de un fantasma más que nadie en el
mundo.
Tark es mi personaje favorito. Es
decir, amo a Okiku, pero el sentido del humor de Tark, su sarcasmo y la forma
en que intenta fortalecerse a pesar de que el mundo sigue cayéndose a su
alrededor me parece digno de admiración. Venía casi a ciegas con este libro
porque no quería leer accidentalmente spoilers que me arruinaran la lectura,
así que me resulto sorprendente el saber que la base de la historia parte de
una leyenda japonesa, que a su vez, inspiró la película “The ring” o “El aro”/ “La
llamada”. No sé, vi similitudes en la forma en que Okiku es descrita cuando
está en modo vengador pero jamás me pasó por la cabeza que venía precisamente
de esa leyenda.
El final me dejó sintiéndome más
que conforme. El cierre que le dio Rin a la historia principal, conectándola perfectamente
con la historia secundaria fue uno de esos giros que te hacen sonreír porque la
autora no dejó cabos sueltos pero sí deja espacio para la segunda parte.
Para finalizar, quiero decir que
ya estoy en la lista de fanáticos de Rin, que estoy desesperada por leer la
segunda parte del libro y que esta historia es una de mis favoritas del año
entero. No le encuentro demasiadas fallas, tiene todo lo que yo puedo desear en
una historia y ese extra que viene de una autora que sabe lo que está haciendo.
Desde que comencé a leer hace algunos años, me gusta pensar en cómo se verían físicamente los personajes, utilizando los rostros de actores y actrices para poder guiarme, para hacer todo más tangible, así que aquí está. Esto es como yo lo imagino y nada más.









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